La historia de esfuerzo y dolor de Chris Hayes

En un deporte donde los autógrafos y las fotos se piden siempre a los mismos surge de vez en cuando una figura llena de esfuerzo como Chris Hayes.

El fútbol americano no es un deporte precisamente conocido en España pero en Estados Unidos goza de una popularidad sólo desbancada por el baloncesto. Es raro encontrar un instituto donde no haya un equipo de fútbol pero el de nuestro protagonista era así. A pesar de ello, Chris Hayes soñaba con jugar y no dudó en hacer las pruebas para los Miami Hurricanes cuando entró en la universidad.

Nadie creía que fuera a lograrlo, no tenía apenas experiencia y se enfrentaba a una prueba de selección donde estaba en desventaja, pero lo logró. Consiguió uno de los cuatro puestos para completar la plantilla y ahí comenzó su sueño. Su familia, orgullosa, lo apoyó en todo momento y sus compañeros, extrañados de que un joven sin experiencia pudiera entrar en el equipo empezaron a llamarlo Chris “Make-A-Wish”(Pide-Un-Deseo).

La trayectoria de Chris en sus dos primeros años fue nula. No jugó ni un sólo minuto aunque no dudaba en conducir durante horas para llegar puntual a los entrenamientos donde ayudaba a recoger el equipo, a hacer mejores a sus compañeros, a charlar sobre las tácticas con los entrenadores y todo esto sin una sola queja.chris-hayes-miami-hurricanes-514

Una mañana de octubre llegó el mazazo, su padre, un hombre aparentemente feliz y lleno de vida, se había suicidado. Un gran shock para la familia y para el jugador que condujo durante horas, como hacía todos los días, para acudir al funeral de su padre. Sus compañeros y entrenadores se volcaron con él e incluso decidieron convocarlo para el siguiente partido, su primera convocatoria en dos años.

El mismo día del funeral de su padre se montó en su coche, condujo y llegó a tiempo para el partido, un partido más para muchos pero muy especial para Chris. Jugaban contra la Universidad Wake Forest y empezó desde el banquillo, desde donde vería prácticamente todo el partido hasta que saltó al campo a falta de unos segundos.

El encuentro era reñido y le tocaba defender a la estrella del equipo rival. Si esta historia fuera una película de Hollywood seguramente Chris Hayes hubiera anotado el último tanto pero en el mundo real no pasó nada, absolutamente nada. No tocó siquiera el balón.

Al finalizar el encuentro se oyó un grito: “¡Cogedlo a hombros!” y así sucedió. El público, la prensa y el equipo rival no entendían porqué un jugador suplente estaba siendo manteado. Después de bajar al suelo, Chris se acercó a la grada, buscó a su madre y se fundió en un abrazo con ella. “En ese momento era enormemente feliz” recuerda Hayes cuando habla de lo sucedido.

El deporte a veces es una diversión, otras veces es una guerra, pero en este caso se convirtió en felicidad.

Fuentes:

• Texto: Propio. Información obtenida de Paginasdeportivas
• Imagen: Spox
• Video: Canal de Youtube de 01CanesrdGOAT

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